Emerson se quedó perplejo, observó a Anya, no había un atisbo de piedad en su rostro.
ÈL adoptó la misma actitud.
Bianca supo entonces que no iba a conseguir nada, se levantó del suelo, miró herida a Emerson, que no movió ni un solo músculo, solo la miraba con ojos firmes.
Ella salió corriendo, aun llorando.
Anya esbozó una sonrisa.
—Señora, lo lamento, hay mujeres hechas de palabras rotas, sigan jugando, por favor —sentenció.
Dio la vuelta, saliendo del lugar y Emerson fue detrás de ella,