Anya llegó al aeropuerto. Había comprado su boleto de avión.
Esperaba a que llegara la hora de irse.
Cuando anunciaron el vuelo rumbo al Mediterráneo, ella estuvo ansiosa, por un instante deseó que Emerson llegara, que la rescatara de todo eso, pero pronto se dio cuenta de que eso no era posible.
Tocó su vientre.
«Es su hijo, estoy llevándome al hijo de Emerson conmigo, sin importarme nada, pero… èl no lo merece, no nos merece, quizás, lo haga sentir como a mí, como si nunca fuese la priorid