Betty sintió la mano de Bradley tomarla.
—¿Me concedes esta pieza de baile?
Ella sonrió, asintió.
Fueron a la pista, bailaron con gracia y soltura, eran solo ellos dos, incluso si la pista estaba repleta; a ella le gustaban los ojos de Bradley, tenían un color que le recordaban a las olas del mar, y su sonrisa, ¡oh, su sonrisa! Era tan dulce y seductora, que sentía que podía derretirse ante ella.
El baile finalizó, detrás de Bradley vio a ese hombre, aunque quiso evitarlo, sintió una opresió