Al entrar de nuevo en esa mansión, el ambiente se sentía extraño, denso.
Anya se detuvo, observó la escalera. Cuando mirò el rostro de Emerson, notó que estaba pálido.
—¿Fue aquí donde ella…?
Emerson hundió la mirada, asintió muy lento.
—Por favor, no hablemos de ella.
Anya entendió que le dolía, eso la hacía sentir peor, porque, aunque no lo quería admitir, sentía que Bianca seguía siendo un fantasma entre los dos.
Ella subió a la niña hasta su alcoba. Al entrar, observó otra habitación,