88° El depredador entra en juego.
Michael sabía muy bien lo que tenía que hacer, lo había hecho muchas veces: infiltrarse, observar, detener cualquier amenaza y extraer al objetivo lo antes posible.
Memorizó las órdenes, memorizó el lugar, cerró los ojos y vio la cara de Santiago frente a él, pero luego tuvo que abrirlos y apartar la mirada cuando aquella cara se hizo rojiza, cuando sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Por qué tiene que ser tan llorón?, se preguntó el guardaespaldas mientras avanzaba por la bodega.
Mauricio había