71° El error que lo cambia todo.
Me di una corta ducha de agua muy fría después de que Mauricio salió. Cuando salí hacia la habitación, el hombre ya no estaba; tenía muchas responsabilidades y asuntos que atender, y supuse que yo también, pero para empezar debía asegurarme de que las cosas con Santiago salieran bien.
Mauricio ya me había prometido que permitiría que se quedara en la casa.
Cuando abrí la puerta de la habitación, Michael ya estaba de pie al otro lado, como un eficiente celador.
— ¿Qué haces ahí? — le pregunté.