68° El origen de la guerra.
Apenas en ese instante me había dado cuenta de que había sido una pésima idea haberle contado aquello a Mauricio, o al menos haberlo hecho de esa forma.
— Lo siento, pero cuando me casé contigo, antes de que nos tuviéramos un poco más de confianza, sabía que me ocultabas algo. Sabía que hacías algo peligroso y quería averiguarlo. Cuando mencionaste la serpiente carmesí en tus pesadillas, supe que era algo importante, y entonces envié a uno de mis chicos aquí, a Francia, a investigarte, y él en