67° Verdades que no se dicen.
Mauricio se quedó en silencio por un largo minuto; luego caminó lentamente hasta la cama y se sentó en el borde.
Cuántas conversaciones habíamos tenido ya de ese estilo: él sentado en el borde de la cama, yo desde unos metros más allá observándolo, esperando su respuesta.
Aquello comenzaba a cansarme, y su silencio era incluso peor, porque entonces lo estaba confirmando, ¿verdad? Estaba confirmando que sí se había acostado con aquella mujer, que no la había inseminado como supuestamente me habí