33° La verdad que no pudo esperar.
En cuanto me di la vuelta para encararme con el hombre que había dicho mi nombre, lo hice con el corazón acelerado, un poco asustada, con la adrenalina todavía recorriendo todo mi sistema.
Entonces me encontré con un hombre alto, con complexión ancha, con el cabello tan rubio que parecía blanco al igual que su barba, y los ojos azules claros como el hielo.
Prácticamente era intimidante.
— ¿Qué está haciendo aquí? — me preguntó el hombre.
Yo jamás en la vida lo había visto, pero parecía que él