19° La cena inesperada.
Me quedé en el marco de la puerta sin saber muy bien qué hacer. Mauricio, desde el otro lado de la habitación, me observaba invitándome con la mirada a entrar.
¿En serio pensaba que yo era tan ingenua para no darme cuenta de que todo aquello era un ridículo plan para sacarme información? Pero el hombre pareció leer mis pensamientos: avanzó hacia donde yo estaba y me tomó por los hombros, apoyando sus cálidas manos sobre ellos.
— Lo entiendo, ¿sabes? — me dijo — . La sensación de sentirte pers