123° La proclamación.
La proclamación
La casa nueva todavía olía a polvo viejo y pintura reciente, como si hubiera sido preparada con prisa para recibirnos y luego abandonada a su suerte durante semanas. No era lujosa, ni siquiera especialmente cómoda, pero tenía algo que en ese momento valía más que cualquier lujo: discreción. Las ventanas daban a una calle tranquila, casi olvidada, y el interior estaba lo suficientemente alejado del bullicio como para que cualquier sonido extraño destacara de inmediato. Era un bue