112° El poder.
La noche se asentó sobre la bodega como un peso denso, envolvente, casi sofocante.
El ruido lejano de los hombres de seguridad, los pasos ocasionales, los radios susurrando órdenes… todo eso quedaba al otro lado de la puerta. Dentro de la habitación, en cambio, el silencio era distinto. Más profundo. Más íntimo.
Más peligroso, de una forma completamente diferente.
Mauricio estaba recostado a mi lado, sin soltarme.
No era una cercanía casual. No era descuido.
Era necesidad.
Su brazo rodeaba mi c