111° Ayúdame a dormir.
Aquella afirmación cayó sobre mi espalda como un enorme bulto pesado. Cuando Mauricio me observó, cuando volteó sus ojos azules hacia mí, pude ver en su expresión el reflejo de la mía; seguramente debía estar teniendo una cara horrible, ya que él regresó nuevamente donde yo estaba y entrelazó sus manos con las mías mientras se sentaba a mi lado.
—Lo sé —me dijo—, sé que esto suena horrible, y lo es. Claro que lo es. Pero ¿qué clase de hombre crees que soy si dejara que te quedes a mi lado solo