110° Protegerte.
Mauricio se acercó nuevamente a mí. Toda su expresión corporal había cambiado; ahora no era el líder de la serpiente carmesí, ni tampoco era simplemente un esposo celoso de poder y deseo. El Mauricio que se acercó a mí era uno diferente, era el que había visto durante las noches que habíamos logrado pasar juntos en América, las noches que me habían hecho acostarme con él. Mauricio, diferente, que dejaba de lado aquella dominancia y aquel profundo estrés que le atravesaba todos los sentidos.
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