103° El pasado llega.
El nombre de Raúl quedó flotando en mi mente como una detonación silenciosa que no terminaba de disiparse. No podía apartar la mirada de la pantalla de la tablet. Él estaba ahí, frente a la casa, tocando el timbre como si nada hubiera pasado, como si el mundo no se hubiera vuelto del revés, como si yo no estuviera escondida en una bodega en medio de la nada, rodeada de hombres armados, amenazas invisibles y decisiones imposibles.
—No… no puede ser… —murmuré.
Sentí cómo el aire comenzaba a falta