100° Un juego peligroso.
Me quedé paralizada en la puerta.
No fue una decisión consciente. Simplemente mi cuerpo dejó de responder por un instante, como si necesitara procesar lo que estaba viendo antes de permitirme reaccionar. El aire dentro de aquella pequeña oficina parecía más denso, más pesado, como si cada segundo se estirara más de lo normal.
Mauricio sostenía a Melanie.
Ella seguía aferrada a él, con el rostro hundido en su pecho, sollozando con una intensidad que rozaba lo teatral. Sus hombros subían y bajaba