El sol comenzaba a caer detrás de los edificios altos cuando Carolina salió por la puerta principal de la empresa. Su bolso colgaba de un brazo, y en la otra mano llevaba una carpeta de documentos que no había tenido tiempo de revisar. Los tacones resonaban con firmeza en la acera, aunque por dentro, todo en ella se sentía frágil, incierto.
Afuera, Eliot la esperaba junto a su auto negro. Llevaba el saco en la mano, la corbata floja , y su rostro estaba adornado por los moretones que Axel le ha