El eco de las palabras de Axel aún flotaba en el aire cuando un golpe seco resonó en toda la sala.
El anciano Cedric, imponente a pesar de su edad, había hecho chocar con fuerza el extremo de su bastón contra el suelo de mármol.
Su rostro curtido por los años estaba rojo de furia, sus ojos, normalmente fríos y calculadores, ahora chispeaban de indignación.
—¡Repite lo que dijiste, Axel Won! —rugió con una voz tan potente que los sirvientes se estremecieron y se escondieron aún más en los rincon