El avión aterrizó suavemente en la pista privada rodeada de prados infinitos. El paisaje era de un verde intenso, salpicado de flores silvestres que se me mecían con la brisa suave. Más allá, entre árboles altos y antiguos, se alzaba una mansión de piedra blanca, majestuosa y silenciosa, como salida de otro tiempo.
Axel descendió del avión primero, ajustándose el saco con movimientos calculados. Luego bajó la enfermera Carmen, sosteniendo con delicadeza los documentos médicos de Carolina. Diana