Esa misma noche, Carolina se debatía entre la razón y el deseo. El encuentro con Axel la había dejado al borde de un precipicio del que no estaba segura de poder regresar. Pero tenía claro algo: no podía ceder. No otra vez.
Se aferró a esa determinación mientras se preparaba para dormir. Pero cuando su teléfono vibró en la mesita de noche, el presentimiento de que algo malo estaba por suceder le recorrió el cuerpo.
Un mensaje. De Axel.
Lo abrió con un nudo en el estómago, pero lo que vio le hel