Al salir del baño, Carolina intentó recomponerse. No podía permitirse mostrar debilidad, no frente a esa familia que parecía disfrutar de cada uno de sus tropiezos. Caminó de regreso al salón con la cabeza en alto, ignorando el temblor residual que el encuentro con Axel le había dejado.
Eliot la recibió con una sonrisa cálida, aunque sus ojos no perdían el brillo de preocupación.
—¿Estás bien? —susurró, rozando su cintura con delicadeza.
—Sí, solo necesitaba un momento —respondió, esforzándose