Jueves, 4:12 p. m.
La habitación del hotel estaba en penumbra, con las cortinas apenas abiertas dejando entrar la luz difusa de una tarde nublada. El aire olía a café y a algo limpio, casi cálido. Afuera, la ciudad seguía rugiendo. Pero dentro, todo era pausa.
Me quité los zapatos, dejándolos junto a la maleta. Me senté en el borde de la cama, sin mirar a ningún lado en particular. Cassian dejó las llaves sobre el escritorio y no dijo nada. Solo me observó desde el umbral del baño, apoyado en e