Había estado sentada frente a la libreta durante horas. La tenía abierta sobre el escritorio, en blanco, como si incluso el papel esperara a que yo supiera quién era ahora.
Habían pasado tres días desde que mi padre me ofreció un puesto en su empresa. No insistió, no presionó, solo me dijo que lo pensara. Que decidiera con libertad. Y eso… eso me pesaba más que cualquier exigencia.
Porque por primera vez, tenía la posibilidad real de elegir.
Y no sabía cómo hacerlo.
Yo, que había seguido todos