Salimos del taxi frente a la mansión. La calle era tranquila, bordeada de árboles que ya empezaban a teñirse con los primeros tonos del otoño.
—Wow —Alana dejó escapar, con los ojos abiertos como platos—. Esto es otra cosa, Olivia. No sabía que vivías así.
Le sonreí, un poco nerviosa, y abrí la puerta principal. La entrada era amplia, con un gran vestíbulo de mármol blanco que reflejaba la luz de los candelabros de cristal.
—Mis padres compraron la casa hace años, cuando llegaron de Alemania —l