Cuando aterrizamos en Boston, la incertidumbre pesaba en el aire como una sombra. Apenas dejamos las maletas en el departamento, Cassian tomó la iniciativa: sacó su teléfono y buscó las pruebas de embarazo más confiables que pudiera encontrar. No iba a dejar que la ansiedad nos consumiera sin saber nada.
—Vamos a hacer esto ahora —dijo con una determinación que me hizo sentir segura, aunque yo me debatía entre el miedo y la esperanza.
Compramos varias pruebas diferentes: digitales, tradicionales