La mañana siguiente amaneció nublada, como si el cielo supiera que todo se había quedado suspendido en el aire la noche anterior. Me desperté antes que Cassian. Lo observé dormir por unos minutos, con el rostro aún tenso incluso en el descanso. Como si no pudiera dejar de sostener el mundo, ni siquiera mientras soñaba.
Me levanté en silencio, preparé café y me refugié en el pequeño balcón que daba al este. La ciudad aún bostezaba bajo la niebla. Tomé un sorbo largo y sentí el calor del café col