El departamento de Edith estaba sumido en una calma engañosa. Afuera, la ciudad de Londres seguía su curso indiferente, los autos avanzaban, las personas caminaban, el mundo no se detenía, pero el mundo de Diana sí lo había hecho. Ella estaba sentada junto a la ventana, con las manos entrelazadas sobre su regazo, observando sin ver realmente. Sus ojos estaban perdidos en un punto invisible, mientras su mente repetía una y otra vez la misma verdad que aún no lograba aceptar.
Jeremy no la record