El hombre sintió algo extraño.
No era alegría. No era rechazo. Era desconcierto. Margrot apretó suavemente su mano.
—Cuando sufriste el accidente… pensé que nunca volverías a despertar —Sus labios temblaron.
—Pensé que nuestro bebé crecería sin conocerte.
Jeremy observaba. Escuchaba. Pero se sentía distante. Como si estuviera viendo la vida de otro hombre.
Como si esas palabras no fueran suyas. Margrot inclinó la cabeza.
Apoyó su frente suavemente sobre su mano.
—No puedes dejarme, Jerem