La mañana en España había avanzado con una calma engañosa.
El sol ya iluminaba por completo la residencia que Evans había conseguido para Diana, pero dentro del lugar la tensión era otra historia.
Diana estaba de pie junto a la ventana.
Sus brazos cruzados sobre el pecho.
Su mirada fija en el exterior.
Pero en realidad. No estaba viendo nada.
Su mente estaba demasiado ocupada.
Demasiado activa.
Demasiado llena.
Detrás de ella, la puerta se abrió suavemente.
Evans entró con pasos medidos.
Siempr