Londres despertaba envuelta en una neblina suave. El cielo gris cubría la ciudad con una elegancia fría, casi distante. El ambiente era completamente distinto. El salón principal estaba en silencio. Un silencio pesado. Roto únicamente por el leve sonido del cristal al chocar contra la mesa. Leopolda Ambrosetti sostenía una copa de vino. Su postura era relajada. Demasiado relajada. Como si todo el peso del mundo hubiera desaparecido de sus hombros. Se encontraba sentada en uno de los sillones má