El café estaba escondido en una calle lateral, lejos del ruido corporativo y de los cristales que reflejaban poder. Era un lugar cálido, con mesas de madera clara, plantas colgantes y música suave que no exigía atención, solo compañía.
Diana llegó unos minutos antes.
Eligió una mesa junto a la ventana. Desde allí podía ver la calle y, al mismo tiempo, sentirse protegida. Se quitó el abrigo con un gesto lento, acomodó su cartera a un lado y respiró hondo.
No recordaba la última vez que había