El reloj parecía burlarse de ella, cada segundo más lento, más pesado, más insoportable. Margrot estaba sentada en la sala de espera. Pero no sentía el cuerpo.
No sentía las manos. No sentía nada, solo su mente girando. Una y otra vez, repitiendo la escena, el impacto, el cuerpo de Leopolda en el suelo, pensando eb como pudo haber sido la caída y ese sonido del impacto, ese sonido que no podía borrar.
—No…—Murmuró con horror.
Cerrando los ojos con fuerza, como si así pudiera eliminarlo. Como si