La noche avanza con un silencio denso, casi incómodo, sobre el despacho. Las luces de la ciudad se filtraban a través de los ventanales como un océano de destellos lejanos, pero dentro de la oficina todo parecía detenido en un instante que no quería avanzar.
Evans Fontaine permanecía de pie, con una mano apoyada sobre el escritorio de vidrio, la mirada perdida en la oscuridad más allá del reflejo de su propio rostro. Su expresión, normalmente serena y calculadora, ahora estaba marcada por una t