El amanecer apenas lograba abrirse paso entre las nubes cuando las primeras sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos.
La Villa Ambrosetti ya no existía.
Donde alguna vez se había levantado una de las propiedades más impresionantes de Inglaterra, ahora solo quedaba una montaña interminable de concreto roto, acero retorcido y polvo.
El aire todavía estaba impregnado del olor a humo.
A destrucción.
A tragedia.
Los equipos de emergencia comenzaron a llegar uno tras otro.
Camiones de bomberos.
Amb