El tiempo había dejado de existir.
Jeremy ya no sabía cuántas horas habían pasado desde que despertó bajo los escombros.
Podían ser dos.
Podían ser diez.
Podía haber transcurrido un día entero.
La oscuridad y el dolor habían convertido el tiempo en algo imposible de medir.
Solo existía una realidad.
Seguir respirando.
Seguir luchando.
Seguir avanzando.
Aunque cada parte de su cuerpo le exigiera rendirse.
Jeremy permaneció inmóvil durante varios minutos, intentando recuperar algo de energía.
Su