La distancia entre ellos se acortó lentamente… Como si el tiempo mismo se hubiera vuelto más denso.
Diana no apartó la mirada. No pudo hacerlo. Porque allí estaba él.
Jeremy.
De pie esperándola. Su figura se recortaba contra la penumbra del jardín, firme, imponente, casi irreal bajo la tenue luz nocturna. Sus ojos oscuros estaban fijos en ella, tan intensos que Diana sintió como si la desnudaran sin tocarla siquiera, como si cada paso que daba hacia él la acercara no solo a su cuerpo. sino a al