La noche había caído con elegancia sobre la residencia Ambrosetti. Las luces del comedor iluminaban el espacio con un brillo cálido. La mesa estaba perfectamente dispuesta. Todo en orden.
Todo en armonía. Al menos en apariencia.
Jeremy ya estaba sentado. Su postura impecable. Su expresión tranquila. Pero sus ojos… Oscuros. Profundos. Y peligrosos.
Leopolda ocupaba su lugar frente a él.
Como siempre.
Elegante.
Imponente.
Margrot se encontraba a un lado.
Su espalda recta. Sus manos delicadamente