El vehículo avanzaba con suavidad por las calles iluminadas de Londres cuando Diana notó el cambio de ruta.
No fue inmediato.
Al principio pensó que solo era un atajo, una calle alternativa para evitar el tráfico nocturno. Pero después de varios giros que no reconoció, frunció el ceño y dirigió la mirada hacia la ventanilla. El paisaje ya no coincidía con el camino habitual hacia la villa.
—¿A dónde vamos? —preguntó finalmente, sin ocultar la duda.
Jeremy no apartó la vista del frente.