La brisa de la noche le acarició la cara, pero Diana apenas lo percibió. Su mente estaba completamente atrapada en la figura de Jeremy, en la manera en que, incluso con Margrot a su lado, su instinto parecía protegerla sin razonamiento consciente. Cada metro que los separaba parecía confirmar lo que había percibido durante la breve confrontación: Jeremy no era ajeno a su cercanía. Y aquell le daba una pequeña esperanza de que este viaje no será en vano, aunque sabe que debe de tener cuidado, si