El amanecer llegó lentamente sobre España.
La luz dorada del sol comenzaba a filtrarse entre las cortinas de la residencia donde Diana se encontraba. La noche había pasado en silencio, pero en la mente de la joven mujer los pensamientos no habían dejado de moverse ni un solo instante.
Diana ya estaba despierta.
Sentada frente a la mesa pequeña del comedor, sostenía una taza de té entre sus manos. El vapor ascendía lentamente, pero ella apenas lo notaba.
Su mirada estaba fija en el jardín.