La puerta se cerró detrás de Jeremy con un sonido suave, pero definitivo. Diana, que estaba sentada al borde de la cama con un libro abierto entre las manos, levantó la vista de inmediato. Su corazón dio un pequeño salto en su pecho. No lo esperaba. No a esa hora. No allí.
Esta vez no estaba vulnerable ni envuelta en una toalla. Llevaba un conjunto sencillo: unos pantalones de tela clara y una blusa suave que abrazaba su figura sin exagerar. Su cabello caía suelto sobre sus hombros, aún ligera