El ambiente en la Villa Ambrosetti ya no era el mismo.
El desmayo de Leopolda había dejado una tensión suspendida en el aire, una electricidad invisible que parecía adherirse a las paredes, a los muebles, al mismo suelo que pisaban. Diana se quedo allí con el corazón aún desbocado, mientras Jeremy ayudaba a su madre a incorporarse completamente. Pero él ya no tenía la expresión paciente de antes.
Había algo diferente en sus ojos.
Algo definitivo.
Algo peligroso.
Jeremy soltó el brazo de su