JUEGUEN..
El amanecer comenzaba a filtrarse lentamente por las cortinas. Una luz tenue, casi tímida, se deslizaba por la habitación donde Diana permanecía acostada, completamente despierta.
No había dormido.
No realmente.
Sus ojos estaban abiertos, fijos en el techo, mientras su mente daba vueltas sin descanso.
Su cuerpo aún conservaba el calor de la noche. Y también las marcas invisibles de lo que había ocurrido.
Diana cerró los ojos lentamente.
Su respiración se volvió más profunda.
Sus dedos se aferra