La tarde en España comenzaba a caer lentamente. El cielo se teñía de tonos cálidos, anaranjados y dorados, mientras la ciudad adquiría ese aire sofisticado y vibrante que solo las noches europeas sabían ofrecer.
Pero no todos contemplaban la belleza del atardecer, algunos estaban demasiado ocupados moviendo piezas.
El vehículo negro avanzaba con suavidad por la carretera.
Silencioso.
Impecable.
En rl interior Leopolda Ambrosetti observaba el paisaje con una expresión serena. Demasiado serena. S