El teléfono vibró sobre la mesa de noche justo cuando Diana terminaba de cepillarse el cabello frente al espejo. Aún tenía el rostro pálido, los ojos cansados por una noche sin verdadero descanso, pero se obligó a respirar hondo antes de tomar el móvil.
Al ver el nombre en la pantalla, algo dentro de su pecho se aflojó.
Edith. Una pequeña sonrisa se visualiza en su rostro antes de responder.
—¡Diana! —exclamó la voz al otro lado, cargada de ansiedad—. Por fin contestas. ¿Cómo estás? Dime qu