La mañana había comenzado con una calma que Elena sabía perfectamente que podía ser engañosa, porque después de los últimos acontecimientos había aprendido que los problemas no siempre llegaban acompañados de una advertencia, algunas veces aparecían disfrazados de silencio, de una llamada inesperada o incluso de una noticia que desaparecía de los medios sin explicación aparente. Sentada frente al ventanal de su despacho, Elena revisaba algunos documentos cuando Richard Collins entró con una exp