La noche había caído sobre la ciudad, pero en aquella parte del mundo nadie parecía dispuesto a dormir. En una habitación protegida por hombres armados, con las cortinas cerradas y varias pantallas encendidas mostrando mapas, fotografías y movimientos de vehículos, Tomas Thouchel permanecía de pie frente a una mesa de cristal mientras escuchaba el informe que acababa de llegar desde Asia. Su expresión, que hasta hacía unos minutos había mantenido aquella tranquilidad propia de un hombre acostum