La noche había caído sobre la ciudad cuando Adrián Valmont terminó de revisar los documentos que tenía extendidos sobre el escritorio. Había pasado las últimas horas resolviendo diferentes asuntos, realizando llamadas que exigían absoluta discreción y esperando una autorización que podía cambiar por completo el futuro de una familia. Cuando finalmente recibió el mensaje que había estado esperando, levantó la mirada de la pantalla y una sonrisa lenta apareció en su rostro, la autorización que ta