El apartamento permanecía envuelto en una tranquilidad que Elena Hart había aprendido a valorar profundamente desde que abandonó la Mansión King. Apenas cruzó la puerta, dejó el bolso sobre la consola de la entrada y respiró con calma mientras el pequeño Shih Tzu corría en círculos alrededor de sus piernas, moviendo la cola con tanta energía que parecía querer contarle todo lo que había ocurrido durante su ausencia. Elena dejó escapar una risa sincera, se inclinó para cargarlo entre sus brazos