La residencia King permanecía envuelta en una tensa calma cuando Sebastian cruzó el enorme vestíbulo de mármol. Aquel lugar había sido durante años el símbolo del poder de su familia, pero desde hacía algún tiempo cada paso que daba dentro de aquella mansión le producía la misma sensación que tendría un hombre caminando hacia su propia condena. Los empleados lo saludaban con el respeto habitual, aunque todos percibían que el ambiente se había vuelto mucho más pesado desde el divorcio con Elena.